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lunes, 2 de mayo de 2016

¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas [...] ! Garcilaso

¡Buenos días a tod@s!


¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y en la hora de mi muerte conjuradas.

¿Quién me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en un hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto el mal que me dejastes.

Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.


La finalidad del presente comentario es analizar la finalidad de convergencias expresivas en que se articula la unidad de sentido que el texto literario proyecta. Por ello, examinaremos la estilística interna  del soneto, averiguando así el modo en que se estructuran los motivos alrededor del eje temático básico. En segundo lugar, interpretaremos la estilística externa, es decir, los procedimientos estilísticos y figurativos que sirven para vehicular el esquema temático del poema.
El soneto se encuentra inscrito en la amplia categoría de la poesía amorosa, en concreto la temática principal se basa en el dolor del poeta por la ausencia de la amada. El sentimiento nombrado aparece a partir de dos motivos principales que componen su esquema temático, el primero de ello se encuentra en los dos primeros cuartetos donde el autor rememora una época pasada de felicidad. Este sentimiento de melancolía aparece representado por el vocablo o palabras clave de los dos primeros cuartetos «memoria» (v. 3) y  por «pasadas horas» (vv. 5-6).
Este primer motivo se complementa con el segundo eje temático que aparece en los tercetos, donde Garcilaso muestra la cuita sufrida por la pérdida de la amada. Este sentimiento de aniquilante dolor amoroso, lo muestra el hablante lírico mediante lo que podríamos considerar palabras claves de los dos tercetos: «mal que me dejaste» (v. 11) y «verme morir » (v. 14).
Por otro lado, cada uno de los motivos temáticos nombrados con anterioridad se construye mediante un proceso actorial distinto. En la primera unidad temática (recuerdos del pasado) aparece un único actor poemático: el yo-amante, el cual es al mismo tiempo sujeto porque hace uso de la memoria para recordar tiempos de felicidad pasados.
A su vez, junto a este yo-amante, encontramos en la segunda unidad temática referencias hacia la amada. El actor lírico alude a su amada mediante el sentimiento de dolor, la caracteriza como distante o ausente tal y como se observa en «llevadme junto al mal que me dejastes» (v. 11).
Debido a todo lo expuesto, podemos afirmar que el soneto se inscribe en el tópico de la cuita amorosa, muy presente a la en la poesía castellana. Sin embargo, dicho tópico queda renovado mediante la actitud del hablante lírico en los dos primeros cuartetos (rememorar el tiempo pasado), ya que implica una autocontemplación del tiempo vivido y pasado. Representan una época de felicidad donde el actor poemático poesía a su amada.
Por tanto, la reflexión diacrónica del yo-poético aporta dos características muy relevantes que permiten la estrecha relación de ambos ejes temáticos y proporciona al soneto una continuidad argumental. En los dos primeros cuartetos el hablante lírico se permite, mediante el recuerdo y la contemplación del pasado, hablar con optimismo; un claro ejemplo de ello lo observamos en «dulces y alegres cuando Dios quería» (v. 2). Sin embargo, cuando vuelve a la realidad del presente (tercetos) encontramos a un yo desesperanzador que muestra el dolor por la lejanía de la amada y el deseo de que termine esa cuita amorosa.
Al resumir la articulación temática del poema, se evidencia una estructura en estricta correspondencia entre las dos partes, puesto que se parte desde un pasado repleto de felicidad hasta llegar a un presente doloroso. Por tanto, posee una estructura lineal, ya que los dos tercetos concluyen con esa pregunta retórica que encontramos en el segundo cuarteto. Dicha conclusión condensa todas las intenciones que ha ido exponiendo el poeta a lo largo de los versos, es decir, comienza tratando sus recuerdos amorosos para pasar a la pregunta retórica que conlleva  aun final repleto de dolor y angustia amorosa.
De la misma forma se puede tratar la simetría que posee la estructura climática del soneto. El primer cuarteto parte desde una situación de anticlímax que se potencia lentamente a lo largo del poema mediante la pregunta retórica y abarca los dos tercetos, llegando así al clímax final situado en el último terceto cuando el hablante afirma que su amada desea verlo morir de tristeza a causa del sufrimiento amoroso.
En lo que se refiere al análisis de la estructura externa, debemos señalar aquellos recursos figurativos y estilísticos que actualizan los contenidos temáticos, es decir, pasaremos a tratar el nivel pragmático, léxico-semántico, morfosintáctico y fónico del soneto.
En relación al nivel pragmático, diremos que encontramos un diseño comunicativo predominante, ya que en el poema se desarrolla un discurso afectivo dirigido por la actitud lírica del hablante poemático que utiliza la primera persona del singular para eliminar, de ese modo, la distancia entre el enunciado y la esfera íntima de las experiencias personales. Debido a ello, la función comunicativa principal es la expresiva. Sin embargo, debe afirmarse la presencia de una función comunicativa latente, la apelativa ya que el actor lírico emplea el apóstrofe para hacer una alusión constante a la amada. A su vez, se hace uso de la personificación con motivo de hacer presente a su amada en el soneto a través de las prendas.
Ha de hacerse mención a la pregunta retórica que ocupa todo el segundo cuarteto. Es de especial interés hacer hincapié en ello, ya que el poeta afirma su felicidad pasada y su sufrimiento presente mediante una interrogación que no necesita ser respondida.
En el segundo de los niveles, el léxico-semántico, destacamos la tonalidad del sentimiento del yo lírico reflejado en el léxico aparentemente claro en los dos primeros cuartetos con ejemplo como «dulces, alegres» (v. 2); pero que pasa a convertirse en oscuro en los dos últimos tercetos cuando habla de la pena que le provoca el sentimiento amoroso: «mal que me dejastes» (v. 11) y «verme morir entre memorias tristes» (v. 14).
Esa expresión del sentimiento formada por una serie de sinónimos a lo largo del poema convergen en una isotopía, la del aniquilación del yo a causa de la cuita amorosa provocada por el alejamiento de la amada.
Con respecto al lenguaje, observamos que a simple vista podría ser considerado sencillo, sin embargo en el soneto están presentes figuras literarias como el antítesis: «tanto bien/tan grave dolor» (vv. 6 y 8), «junto todo el bien/junto el mal» (vv. 9-11) y «tanto bien (pasado)/memorias tristes (presente)» (vv. 6 y 14). A su vez, encontramos el uso de la paradoja en el verso primero «dulces prendas, por mi mal halladas», ya que en un principio las prendas le resultan algo positivo que, posteriormente, se transforma en algo negativo.
Desde un punto de vista sintáctico resulta llamativa la presencia de un lenguaje sencillo y elegante para la expresión del dolor amoroso. Encontramos el empleo de arcaísmos propios del siglo XVI, como por ejemplo «vía» (v. 6) se trata de una contracción del pretérito imperfecto (veía) o también «habíades» (habíais).
Es relevante hacer mención del uso de dos encabalgamientos suaves, por parte de Garcilaso, en el segundo cuarteto: «pasadas horas» (vv. 6-7) y «habíades de ser con tan grave» (vv. 7-8).
Por lo que respecta al nivel morfológico, resulta de especial pertinencia el manejo de las formas verbales. Cuantitativamente la categoría verbal domina en el poema, lo cual enfatiza la idea de ese proceso emocional que está sufriendo el actor lírico; puesto que pasa de rememorar los acontecimientos felices junto a su amada a sufrir un agudo dolor por la ausencia de esta.
Los tiempos y modos verbales sirven para unir cada estadio de este trayecto lineal, esto se observa con la presencia de tiempos verbales que unen el pasado con la situación presente del poeta. Es interesante hacer mención del empleo del imperativo «llevadme» (v. 10), podría ser interpretado como un ruego del hablante poemático hacia la amada para hacer desaparecer ese sufrimiento tan intenso. Por otro lado, el futuro («sospecharé») del verso doceavo indica que el poeta desconfía de las intenciones negativas de la amada al abandonarlo y dejarlo solo ante ese dolor, es decir, parece mostrarnos la pretensión de la amada de hacerlo sufrir.
La importancia de los verbos está acentuada también en el nivel fónico, son diez versos los que terminan en una formal verbal que pone de relieve la rima consonántica: «halladas, quería, conjuradas, representadas, llevastes».
Asimismo, desde el nivel fónico se refuerza el contraste temático y sintáctico entre estos dos grupos estróficos (cuartetos y tercetos), más concretamente la distribución de la pausa que se hace en los cuartetos permite que el discurrir de los versos sea dinámico a través de esos encabalgamiento suaves que los emparejan. Sin embargo, esa fluidez viene interrumpida por dos pausas internas situadas en el primer verso de cada cuarteto. Por otro lado, es relevante destacar la pausa interna que aparece en el primer verso del último de los tercetos.
Por tanto, podemos afirmar que se trata de un soneto convencional con catorce versos endecasílabos repartidos en dos cuartetos y dos tercetos con rima consonante. Debido a ello, la estructura métrica del soneto de Garcilaso es ABBA ABBA CDC DCD.
Desde un punto de vista formal, nos hallamos ante un tipo de estrofa que, por su perfecta estructura, hace posible que se vaya intensificando la expresión de la intimidad de forma gradual hasta llegar al sufrimiento amoroso. La tradición italiana no está perfeccionada en Garcilaso, pero se empieza a notar una especial musicalidad en el endecasílabo y en la incorporación del sentimiento intimista.
Tras el estudio anterior, pasaremos a abordar el plano filológico del presente soneto. En primer lugar, diremos que se emplea el castellano de los Siglos de Oro, es decir, el establecido desde la aparición de la Gramática Castellana de Nebrija (1492) hasta los inicios del siglo XVIII. Se trata de un período crucial de fijación fonológica y de evolución de la mayoría de las grafías medievales.
Como muestra de lo argumentado con anterioridad, encontramos en el soneto el triunfo de la «h» frente a la «f» inicial latina como se observa en «halladas» (v. 1), por otro lado se observa la fijación de la conjunción «y» como nexo entre los enunciados presentes. Asimismo, desaparece la confusión entre las grafías «b» y «v» tal y como se muestra en «grave» (v. 8) y se generaliza el empleo pospuesto del pronombre tras el imperativo, como por ejemplo «llevadme» (v. 11).
Sin embargo, se mantiene el empleo del voseo «vos» (v. 6) que desaparecerá finalmente en 1620 y será sustituido por «usted». Por otro lado, se mantiene la alternancia de la terminación verbal «-stes/-steis» en el perfecto simple hasta finales del siglo XVII, tal y como aparece en las formas verbales del presente soneto: «deseastes, pusistes, distes, dejastes».
En suma, a lo largo del presente análisis se ha puesto de manifiesto los indicios temáticos y expresivos que nos permiten localizar el poema en un momento de transición: se incorpora el dolor amoroso junto a los juegos conceptistas de la poesía cancioneril castellana del siglo XV donde aparece una tendencia a la simetría y un molde estrófico propio de la poesía italianizante y renacentista. El poeta va asimilando el movimiento petrarquista y pretende hacer uso de los metros poéticos italianos como vía para la expresión de las emociones. Esta actitud que potencia lo humano es característica del Renacimiento.



jueves, 28 de abril de 2016

Bermejazo Platero de las cumbres (Quevedo)

¡Buenos días a tod@s!


Bermejazo Platero de las cumbres,
a cuya luz se espulga la canalla,
la Ninfa Daphne que se afufa y calla,
si la quieres gozar, paga, y no alumbres.


Si quieres ahorrar de pesadumbres,
ojo del cielo, trata de comprarla,
en confites gastó Marte la malla, 
y la espada en pasteles, y en alumbres.


Volvióse en bolsa Júpiter severo,
levantóse las faldas la doncella,
por recogerle en lluvia de dinero.


Astucia fue de alguna Dueña estrella,
que de Estrella sin Dueña no lo infiero, 
Phebo, pues eres Sol, sírvete de ella.



Quevedo



El soneto se encuentra inscrito en la categoría de la poesía conceptista donde se destaca la creencia de que existen en el universo una serie de correspondencias e interrelaciones que el hombre es capaz de descubrir. Se trata de una poesía en la que encontramos la expresión de los contrarios. La temática principal se basa en parodiar el mito clásico de Apolo y Dafne, por tanto, nos enfrentamos ante un tipo de conceptismo burlesco.
Dicho tono burlesco aparece a partir de los tres motivos principales que componen su esquema temático, el primero de ellos se encuentra en el primer cuarteto donde el autor nos introduce el tema que va a tratar referido a Apolo y Dafne. Las palabras claves que representan lo dicho son: «Nynpha Daphne» (v. 3) y «goçar» (v. 4).
Este primer motivo se complementa con el segundo eje temático que aparece en el segundo y primer terceto, donde el yo-poético describe la forma en que otros dioses fueron capaces de conseguir a Dafne. Esta persecución se muestra mediante lo que podríamos considerar las palabras clave: «compralla» (v. 6) y «gastó» (v. 7). A su vez, este segundo motivo temático viene complementado por el tercer eje temático del soneto situado en el último de los tercetos, en el que el autor emplea el personaje de la dueña para actuar como mediador entre Apolo y Dafne; las palabras clave que representan lo dicho son: «Dueña» (v. 12) y «sírvete de ella» (v. 14).
Por otro lado, cada uno de los motivos temáticos nombrados con anterioridad se construyen mediante un mismo proceso actorial. En las tres unidades temáticas, el yo-lírico no está presente, sino que opta por dirigirse en el poema a la figura de Apolo (Bermejaço Platero) para construir un soneto que burle el mito clásico. Además de insertar los distintos amantes (Marte y Júpiter) que han sido capaces de disfrutar, a través de distintos medios, de la ninfa Dafne.
Debido a todo lo expuesto, podemos afirmar que el soneto se inscribe en la corriente del conceptismo burlesco. Quevedo, desde la literatura, desea desenmascarar los vicios, por tanto es posible aceptar que la composición del presente poema nos lleve a pensar que el autor pretende realizar una denuncia de los vicios sexuales del hombre mediante la parodia del mito clásico de Apolo y Dafne.
Al resumir la articulación temática del poema, se evidencia una estructura en estricta correspondencia entre las tres partes, puesto que se parte de una introducción por parte del poeta sobre lo que va a tratar el soneto (mito de Apolo y Dafne) y se sigue con los diferentes procesos realizados por los amantes para gozar de la presencia de la ninfa, hasta llegar a la especie de consejo que le otorga el autor a Apolo para poder disfrutar de Dafne: ofrécele dinero a la dueña para conseguir a la ninfa.
De la misma forma se puede tratar la simetría que posee la estructura climática del poema. El primer cuarteto parte de una situación de anticlímax que aumenta lentamente en las siguientes estrofas y que se potencia en el último terceto con el consejo del autor hacia Apolo para poder conseguir el disfrute de Dafne.
En lo que se refiere a la estructura externa, debemos señalar aquellos recursos figurativos y estilísticos que actualizan los contenidos temáticos, es decir, pasaremos a tratar el nivel pragmático, léxico-semántico y fónico del soneto.
En relación al nivel pragmático, diremos que encontramos un diseño comunicativo predominante, ya que en el poema se desarrolla un discurso en el que el yo poético ejemplifica los sucesos realizados por otras divinidades para llegar hasta Dafne. Lo dicho se refuerza mediante el uso de la tercera persona del singular: «gastó Marte» (v. 7). Debido a ello, la función comunicativa principal es la referencial.
Sin embargo, debe afirmarse la presencia de una función comunicativa latente, ya que el actor lírico emplea el apóstrofe para hacer una llamada constante a Apolo; es decir, le otorga al dios una serie de consejos para llegar a su objetivo. Para ello, hace uso de la segunda persona: «eres» y «sírvete» (v. 14). Por tanto, el autor emplea al mismo tiempo la función apelativa.
En el segundo de los niveles, el léxico-semántico, destacamos la tonalidad del yo lírico en el léxico predominantemente oscuro en todo el soneto, destacamos como ejemplos: «canalla» (v. 2), «no alumbres» (v. 4), «pesadumbres» (v. 5) y «severo» (v. 9). Esa expresión de la figura de la ninfa como un ‘canalla’ y las distintas formas de conseguir a Dafne por parte de otros dioses, nos muestran cómo el yo-poético quiere que Apolo consiga a dicha ninfa a través de actos oscuros y no mediante al cortejo. Parece que se nos representa a Dafne como una prostituta de un burdel en el que la «dueña» (v. 12) es la que se encarga de recaudar el dinero y ofrecer los servicios de la ninfa.
La expresión de todo lo argumentado, está formada por una serie de términos a lo largo de todo el poema que convergen en una isotopía, la de las acciones llevadas a cabo para conseguir el goce de Dafne: «compralla», «gastó», «levantose las faldas» y «dinero» (vv. 6, 7, 10 y 11). Por lo tanto, el poema está dotado de un alto grado de sensualidad.
Con respecto al lenguaje, observamos que a simple vista podría ser considerado como un instrumento culto en las manos de Quevedo, mediante el cual se hace referencia al mito de Apolo y Dafne de una forma paródica a través de una serie de interrelaciones a las que el receptor debe llegar y desentrañar para entender el significado oculto del poema.
A su vez, en el soneto están presentes figuras literarias como el uso de las diferentes deidades mitológicas: Apolo, Dafne, Marte y Júpiter. La metáfora también se encuentra presente en el soneto a través de: «Bermejaço Platero de las cumbres» (v. 1) para referirse a Apolo y «ojo del cielo» (v. 6) para volver a hacer referencia a Apolo, puesto que es el Dios del Sol. Asimismo, encontramos el uso del hipérbaton, se trata de una alteración gramatical en los versos, tales como: «en confites gastó Marte la malla» (v. 7), «volviose en bolsa Iupiter severo» (v. 9) y «levantose las faldas la doncella» (v. 10). Por último, es interesante hacer referencia a la elipsis del verbo ‘gastar’ que encontramos en «y la espada en pasteles, i en alumbres» (v. 8).
Desde un punto de vista sintáctico resulta llamativa la presencia de unas estructuras sintácticas complejas donde prima la construcción de oraciones compuestas que se corresponden a las cuatro estrofas del soneto. Un claro ejemplo lo encontramos en el primer cuarteto, formado por una proposición subordinada adjetiva («que se asusta y calla» v. 3) y una adverbial condicional («si la quieres gozar» v. 5), además del uso de la coordinad copulativa mediante el nexo «i» en el verso cuatro («para, i no alumbres»).
Encontramos, a su vez, el empleo de los nombres latinos de los dioses «Iupiter» y «Daphne». El único detalle que debe ser nombrado, es que el primero de ellos no posee la forma latina completa, puesto que el nombre latino es Iuppiter y en el soneto de Quevedo dicho nombre pierde una de las consonantes /p/. Desde nuestro punto de vista, esto puede deberse a que el léxico y la sintaxis evolucionan a lo largo del tiempo y aparecen elementos latinos con ciertas modificaciones.
Por lo que respecta al nivel morfológico, resulta de especial pertinencia señalar la presencia de los antropónimos de origen mitológico: Dafne, Marte, Júpiter y Apolo que sirven para reforzar la temática principal (parodia del mito de Apolo y Dafne). Es interesante mencionar el predominio de la sustantivación y la escasa aparición de la adjetivación y los adverbios, ya que nos encontramos ante un poema en el que el yo-poético pretende otorgar una serie de consejos para convencer a Apolo a que intente conseguir el disfrute del placer de la ninfa.
Por tanto, no se limita a describir, sino que predomina la exposición. Los únicos adjetivos con los que podemos toparnos en el soneto tienen una función característica, son epítetos que tienen una función decorativa: «Bermejaço platero» (v. 1) y «Iupiter severo» (v. 9).
Debemos señalar también la importancia de los verbos, donde encontramos el empleo de la tercera persona, para exponer los métodos llevados a cabo por los dioses Marte y Júpiter para conseguir a Dafne; y el de la segunda persona para dirigirse directamente a Apolo. No obstante, es interesante el uso de los imperativos «paga» (v. 4) y «sírvete» (v. 14), ya que refuerzan la exhortación del yo-poético dirigida al dios para que se apodere de la ninfa Dafne.
Asimismo, desde el nivel fónico se refuerza el contraste temático y sintáctico entre estos dos grupos estróficos (cuartetos y tercetos), más concretamente la distribución de la pausa que encontramos a lo largo del poema que permite que el discurrir de los versos sea dinámico. Sin embargo, esa fluidez viene interrumpida por las pausas internas que encontramos en el soneto y, sobre todo, por dos braquistiquios presentes en el cuarto y catorceavo verso. En el cuarto verso («si la quieres goçar, paga, i no alumbres») se hace uso del braquistiquio para llamar la atención sobre el imperativo del verbo ‘pagar’ y en el catorceavo se emplea a modo de vocativo («Phebo, pues eres Sol, sírvete de ella») para realidad una llamada al dios Apolo.
Por tanto, podemos afirmar que se trata de un soneto convencional con catorce versos repartidos en dos cuartetos y dos tercetos con rima consonante. Debido a ello, la estructura métrica del soneto de Quevedo es ABBA ABBA CDC DCD.
En suma, a lo largo del presente análisis se han puesto de manifiesto los indicios temáticos y expresivos que nos permiten localizar el poema en el Alto Renacimiento, más específicamente en el siglo XVII donde comienzan a darse indicios del Barroco a través del movimiento que actúa como bisagra entre el Renacimiento y el Barroco: el Manierismo, donde se busca lo exquisito de la forma, la belleza y la artificiosidad del lenguaje. 


'Un baccio molto grande'

martes, 5 de abril de 2016

¡Ay, sabrosa ilusión!

¡Buenos días a tod@s!

Hoy me he levantado un poco poética y quería compartir con todos vosotros un soneto de Gutierre de Cetina que nos incita a no levantarnos de la cama y seguir con ese dulce sueño suave que nos permite olvidarnos de todos los problemas mientras nos encontramos en ese sabroso periodo de ensoñación.
Cuando leáis el poema, encontraréis algunas palabras que respetan la ortografía de la edición que poseo del poema.


¡Ay, sabrosa ilusión, sueño süave!
¿quién te ha enviado a mí? ¿Cómo veniste?
¿Por dónde entraste el alma o qué le diste?
a mi secreto por guardar la llave?

¿Quién pudo a mi dolor fiero, tan grave,
el remedio poner que tú pusiste?
Si el ramo tincto en Lete en mí esparciste,
ten la mano al velar que no se acabe.

Bien conozco que duermo y que me engaño,
mientra envuelto en un bien falso, dudoso,
manifiesto mi mal se muestra cierto.

Pero, pues excusar no puedo un daño,
hazme sentir, ¡oh sueño pïadoso!,
antes durmiendo el bien, que el mal despierto.


Ahora, ¿cómo no?, un pequeño análisis de lo que nos quiere contar el autor en su poema, el cual he hecho para practicar mi 'futura' oposición. Espero que os guste.

El soneto se encuentra inscrito en la amplía categoría de la poesía amorosa donde se destaca el tono intimista, psicológico y subjetivo de las emociones del yo-lírico hacia una dama totalmente idealiza. La temática principal se basa en la ausencia del dolor por la ausencia de la amada en el periodo de sueño del hablante lírico, por tanto, podemos afirmar que el poeta se reencuentra con su amada a través de los sueños. 

Los sentimientos nombrados (dolor por la ausencia de la amada y alivio por medio de la ensoñación) aparecen a partir de dos motivos principales que componen su esquema temático, el primero de ellos se encuentra en los dos primeros cuartetos donde el autor anhela seguir soñando para evitar el sufrimiento por la pérdida de la amada. Esta necesidad de permanecer en el alivio del sueño aparece representada por las siguientes palabras clave: «sueño süave» (v. 1), «remedio» (v. 6) y «guardar la llave» (v. 4), esta última entendida como la ‘llave’ que abre paso a su sufrimiento amoroso.

Este primer motivo se complementa con el segundo eje temático que aparece en los tercetos, donde el yo-poético es consciente de que su única felicidad procede de los sueños y desea seguir manteniendo ese bien placentero, puesto que el único momento en el que posee a su amada es en el periodo de ensoñación. Este sentimiento de lucidez ante la situación que está viviendo, lo muestra el autor mediante lo que podríamos considerar las palabras claves: «conozco que duermo» (v. 9), «bien falso» (v. 10) y «mal despierto» (v. 14). 

En suma, cada uno de los motivos temáticos nombrados con anterioridad se construyen mediante un proceso actorial distinto. En la primera unidad temática aparece un único actor poemático: el yo-amante, el cual es al mismo tiempo sujeto porque hace uso de su propia experiencia personal (el duce sueño) para manifestar al receptor que únicamente es capaz de hacer cesar el dolor a través del sueño. 

Este pequeño análisis me recuerda a la frase de Teócrito, la cual dice: 'vienes en cuanto el dulce sueño me domina, marchas en cuanto el dulce sueño me abandona, huyes cual oveja viera a cano lobo'.


¡Despierta! Es hora de enfrentarse a un nuevo día.


¡Un baccio molto grande!